Hippocamp, la nueva luna de Neptuno

  • ESCRITO POR:
    Dara Hincapié
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Un nombre submarino para una luna distante.

No sabemos cuántas cosas nos quedan por descubrir en el sistema solar. Prueba de ello es el anuncio reciente del descubrimiento y nombramiento de un pequeño satélite alrededor del planeta más alejado del Sol: Neptuno.

Encontrar esta luna no fue nada fácil. El equipo de Mark Showalter, del Instituto SETI, utilizó una nueva técnica de apilado de imágenes con la que analizó fotografías de Neptuno tomadas por el Telescopio Espacial Hubble en 2009. Al descubrir un punto sospechoso en la región de las lunas interiores, los integrantes del equipo recorrieron fotografías hasta de 2004, localizando en ellas al protagonista de nuestra nota. Anunciaron su hallazgo en 2013, momento en el que el pequeño objeto recibió la denominación “S/2004 N1”. Solo hasta este año, después de actualizar los resultados de la investigación con imágenes obtenidas más recientemente, esta luna recibió su nombre oficial.

¿Por qué la nombraron Hippocamp?
Para nombrar el nuevo objeto, el equipo tuvo en cuenta una regla importante: el nombre propuesto debe venir de la mitología grecorromana y estar relacionado con el dios del océano, Poseidón (o Neptuno, para los romanos). Después de considerar al cíclope Polifemo, imperó el amor por el buceo y la fauna submarina de Showalter, por lo que el caballo marino fue la elección definitiva. 

Mucho más grandes que sus primos habitantes del arrecife de coral, los hipocampos mitológicos eran una especie de sirenas equinas: la parte delantera de su cuerpo era la de un caballo, cascos y todo, mientras que su parte posterior poseía escamas y aletas más propias de los peces que de los mamíferos; llegaron incluso a ser representados con alas. Los hipocampos servían de montura a los ejércitos del rey Poseidón, quien además de ser el dios de los mares, también lo era de los caballos.

El pasado y futuro de una luna
Volviendo al satélite de Neptuno, Hippocamp no ha tenido una vida cómoda y es probable que tampoco sea muy larga. Según Showalter, es posible que este pequeño satélite, de apenas 34 kilómetros de tamaño, haya surgido a partir de los escombros dejados por el impacto que originó el gran cráter Pharos en la cercana luna Proteus, de más de 420 kilómetros de diámetro. Su futuro es aún más incierto. Dada la cercanía de su órbita a la de Proteus y la diferencia entre sus masas y tamaños, se cree que Hippocamp puede sufrir uno de dos destinos: ser engullido nuevamente por el gran Proteus o ser expulsado de la familia Neptuniana y convertirse en un asteroide más en órbita alrededor del Sol.

El sistema solar está lejos de ser el vecindario armónico y pacífico que creían nuestros ancestros. Por el contrario, vivimos en un entorno cambiante en el que constantemente se están formando y destruyendo maravillas como nuestro pequeño Hippocamp. Mantengamos la vista en los cielos, no sea que nos perdamos algo.